Quicena y El Castillo de Montearagón (Huesca) : Historia y cultura de un pueblo
Quicena
Histórica y Cultural

Camino de Santiago


Se observa con nitidez el dibujo de un camino que, nacido en Lérida, se dirige a Tamarite de Litera y Monzón y de allí a Barbastro y Huesca, con dos hipotéticas alternativas entre estas dos últimas poblaciones. Por la época en que tendrá mayor vigencia esta ruta, en el siglo XIII al parecer, la denominaremos “Camino de Salas” pues el pelegrino hallaba aquí a uno de los más singulares y famosos santuarios de Aragón: Nuestra Señora de Salas, tan cantada por Alfonso X el Sabio. Desde Huesca se abren tres alternativas hacia Navarra, dos de ellas con peregrinos concretos. Por aquí fue el camino secular entre Huesca y Navarra hasta que se crearon las provincias en 1833.


En cuanto a caminos transversales –Este/Oeste- que pudieron utilizar nuestros peregrinos están señalados la parte oriental del “Camino de Salas” (entre Lérida y Barbastro) y dos fragmentos del Oeste (Huesca-Ayerbe) y (Luna-Ejea); el “Camino de Monegros” (entre Lérida y Sigena); se ve perfectamente el “Camino Navarro” (entre Zaragoza y Tudela); el Camino Soriano” entero (desde Zaragoza a Ágreda); completo el “Camino Complutense” (desde Ariza a Zaragoza, pasando por Épila y Alagón); el “Camino de Jaime I” –que aún no se llama así- y que va hacia Valencia –aún por reconquistar- siguiendo el cauce del Turia. De los caminos de enlace –Norte/Sur- son nítidos el que une Huesca con Zaragoza y el que hace el recorrido Ejea-Tauste-Pradilla.

DISTRIBUCION DE BIENES POR LOCALIDADES

Montearagón:

  • Nombres y apellidos peregrinos
  • Leyendas
  • Monasterios Agustinianos
  • Limosnas
  • Corporales
  • Reliquias de Jesús y María
  • Relicarios y reliquias

Quicena:

  • Fiestas en honor a Santiago
  • Nombres y apellidos peregrinos
  • Puentes
  • Puente S.XIII (Río Flumen)
  • Ventas rurales

·        Los Caminos andados:

  • Sancho Ramírez (1087) San Juan de la Peña (III) - Montearagón (30/XI) - ? (28/X) 
  • Ramiro II (1134-1137) Monteragón (I/II) 
  • Alfonso II (1178) Monteragón (IX)
  • Pedro IV
  • Juan Bautista Labaña (1610) Diciembre: Monteragón - Loporzano- Santa Eulalia la Mayor


DATOS ANALÍTICOS

Huellas dejadas por los peregrinos:

Pelegrín o Romeo como nombre de pila o apellido:

  • Quicena: S. XIII
  • Montearagón: 1205-1224

ELEMENTOS PROPAGANDÍSTICOS:

  • Fiestas dedicadas a Santiago: Quicena

AYUDAS MATERIALES

  • Monasterios importantes: AGUSTINIANOS (Montearagón y San Victorián 1089-S.XIX)

LIMOSNAS

  • Monteragón (Monasterio). Donato (1200)
VENTAS RURALES Y POSADAS
  • Quicena (Casa-Venta Las Casillas)

ALICIENTES ESPIRITUALES

Objetos de especial atractivo Montearagón (Monasterio):

  • Relicarios famosos
  • Reliquias de Jesús (pan de la última cena)
  • Corporales

ONOMÁSTICA

Tras revisar varios miles de documentos aparecidos en colecciones documentales de todo tipo, el resultado ha sido:

PEREGRINO COMO NOMBRE DE PILA: Hombre

  • Siglo XIII: Peregrino de Barlonga, poblador de Quicena
  • 1202: Peregrino de Montearagón, v. de Huesca
  • 1205/1224: Pelegrinus, prior de Montearagón

MILAGROS DE NUESTRA SEÑORA DE SALAS

Fueron tan importantes y tuvieron tanta repercusión los milagros que desde su ermita de las afueras de Huesca realizara Nuestra Señora de Salas que el rey Alfonso X el Sabio (1252-1284) glosó  nada menos que diecisiete de ellos en sus famosas “Cantigas”, contribuyendo además a su difusión tanto un posible “repertorio de los milagros de la Virgen”, aparecido en el mismo siglo XIII, como la actuación de los juglares de la época que los narraron y cantaron con todo detalle en su deambular permanente de pueblo en pueblo.

Los milagros de la Virgen siguieron produciéndose y el santuario continuó atrayendo peregrinos de los lugares más diversos y remotos, tanto que en el siglo XVI tuvo que ser ampliada la hospedería para poder acogerlos. El declive del “Camino Francés” en el siglo XVII provocó un notable descenso de la afluencia de peregrinos a Salas, si bien su presencia nunca llegó a agotarse hasta las leyes desamortizadoras del XIX. A partir de ese momento, Salas convirtió la antigua riada internacional en romería local.

Simplemente, como curiosidad, se cita la cántiga 44, una de las diecisiete que le dedicara el monarca castellano-leonés a la Virgen oscense. Se refiere al cazador que ha perdido el medio de ganarse la vida, su azor, y que, tras acudir a la Virgen de Salas, ésta le hace recobrar la vida.

VALORACIÓN

En principio, más que ante un camino peregrino estamos ante un camino consistente, persistente e insistente, de carácter geoestratégico, que los romanos supieron ver y le dieron forma para poner en comunicación lo que luego sería Cataluña con el Norte hispano por Pamplona, atravesando por Huesca y las Cinco Villas sin tener que descender hasta el Ebro y Zaragoza lo que supone un alargamiento innecesario. Con la aparición de las provincias en 1833, llegó su declive como ruta comercial: con la forma triangular dada a la provincia zaragozana, la parte occidental del camino quedó en el vértice norte de ese triángulo, excéntrico, como descolgado, siendo olvidado por las autoridades zaragozanas porque para ir al norte desde Zaragoza era más fácil seguir el Ebro. Cuando en época actual se intenta reconstruirlo, se unen Lérida y Huesca por autovía, pero al llegar a la ciudad oscense se cercena. La nieve ha podido a la estrategia y a la lógica.

Los monarcas medievales lo utilizaron habitualmente desde comienzos del siglo XIII, con itinerario bastante fijo en su parte oriental, desde Cataluña hasta Huesca; en la parte occidental, hubo variantes favorecidas por la naturaleza menos quebrada del terreno. Para Villuga (1546) era un camino claro; en el mapa resultante de ubicar las ventas localizadas, antes de mediados del siglo XIX, lo mismo. Los muchos peregrinos reales detectados –fueran donde fueran- lo utilizaron de manera permanente convirtiéndolo en camino romero por excelencia. En él encontramos caminantes que van a Santiago, por supuesto, pero también a Roma, Jerusalén o Rocamadur.

El Camino de Salas –en medio de su trazado se levantó uno de los tres santuarios de fama universal que hubo en Aragón, el de Nuestra Señora de Salas en Huesca- es quizás el más completo de los caminos peregrinos aragoneses, pues aparte de ser uno de los más largos que atravesaron Aragón, tiene de todo y además en abundancia. La ficha de “datos analíticos” nos ahorra pormenorizar detalles; digamos solamente que es riquísimo en huellas dejadas por los propios romeros, tanto directas como indirectas; en cuanto a elementos propagandísticos, perfecto tanto medievales como modernos, e incluso Nuestra Señora del Camino tuvo cabida en él, en torno a la población de Luna; las ayudas materiales, completas, destacando la presencia de monasterios (alguno de ellos señeros) y de hospitales de larga permanencia: Albelda, Tamarite de Litera, San Esteban de Litera, Monzón, Barbastro, Huesca, Bolea, Ayerbe, Luesia, Luna o Almudevar. Por último, alicientes espirituales los atesora para todos los gustos, destacando la cantidad enorme de indulgencias acumuladas.

Sin duda comenzó a funcionar nada más caer en manos cristianas la línea de plazas formada por Almenar (1093), Calasanz (1103), Pomar (1099), Monzón (1089), Estadilla (1091), Barbastro (1100), Novales (1097), Alcalá del Obispo (1097), Tierz (1089), Huesca (1096), Labata (1092), Sádaba (1096) y Milagro (1098), pero las plazas musulmanas de Lérida, Fraga, Zuera, Zaragoza, Ejea, Tudela y Alfaro lo limitaban por el sur. Su inicio es, pues, de finales del siglo XI y muy principios del XII y, desde luego, en buena parte su rápida importancia fue a costa del Camino Rotense. Le quedaban por delante siete siglos al servicio del movimiento peregrino, con un siglo XIII esplendoroso. Con setecientos años de vida, no es de extrañar que su trazado sufriera variaciones: no fue inamovible tanto en sus dos extremos como en el centro. No obstante, el doble camino que se plantea nunca supuso el eclipse total de la rama menos utilizada, nunca hubo oclusión total.

La entrada del camino en tierras aragonesas estaba muy bien dotado de hospitales: Albelda, Tamarite de Litera, San Esteban de Litera y Monzón los tenían; en ocasiones, las menos, se iba desde Tamarite a Monzón por Binefar lo que implicaba un pequeño rodeo. A partir de Monzón, el primitivo Camino siguió el trazado de la vieja calzada romana, pasando por Berbegal y Pertusa para ir a parar a Sangarrén, localidad que, como nos dice Madoz, era “… pueblo de tránsito de Cataluña  a Navarra”. Está claro que para entrar en Huesca había que desviarse de la ruta convencional. Desde Segarrén se encaminaba la vía  a cruzar el Gállego lo que se efectuaba a través del puente de Puendeluna. Luego, se llegaba a Luna, una población plenamente peregrina que incluso tenía ubicada en su término una de las tres ermitas dedicadas en Aragón a Nuestra Señora del Camino y que contaba con atractivos espirituales importantes. Se enfilaban luego hacia Biota –donde aún perduran la caseta y el camino del Peregrino. Y de salía de Aragón por dos monasterios cistercienses: Puilampa y Cambrón.

A esta ruta comercial de siempre  peregrina ahora, le salió otra alternativa. Por efectos del ritmo reconquistador y repoblador, Barbastro se convirtió de manera natural en polo de atracción de todo el Pirineo sobrarbense y ribagorzano lo que, entre otros efectos, motivó la aparición de varios caminos comerciales y peregrinos de enlace Norte-Sur, como veremos en su momento. Se convirtió en sede episcopal, contó con un hospital importante y atesoró atractivos espirituales como para hacerla muy deseable lo que motivó, sin duda, que desde Monzón se acabará yendo a la ciudad del Vero. Desde Barbastro se podía enlazar de nuevo  con la ruta inicial dirigiéndose hacia Berbegal, pero la aparición del monasterio cisterciense femenino de Casbas (1173) y la existencia del agustiniano de Montearagón (1089) permitían una entrada más directa a Huesca, una ciudad  perfectamente dotada en todos los sentidos y que, además, para los peregrinos tenía el atractivo extraordinario del santuario de Salas. Huesca era el sumum, la segunda ciudad mejor dotada para los peregrinos en tierras aragonesas.

Para retomar el camino romano antiguo no era preciso desdender hasta Sangarrén, sino que por Alerre y Lupiñén se llegaba mediante camino menos transitado a Puendeluna. Pero desde Huesca se puso de moda otra vía alternativa, más directa para quienes pretendían ir a parar a Pamplona en lugar de encaminarse a Logroño, ruta que, por otra parte, acortaba prácticamente en una jornada la distancia entre Huesca y Cambrón y contaba, por otra parte, con poblaciones señaladas por la ayuda al peregrino: Ayerbe y Uncastillo, sobretodo esta segunda. La existencia de varios peregrinos conocidos avala esta ruta.

Si tomamos la afluencia de peregrinos al santuario de Salas como test, el Camino de Salas estuvo pujante en el siglo XVI, comenzó a decaer el XVII y logró llegar al XVIII. Sólo la Desamortización terminó con él.

Fuentes consultadas: UBIETO ARTETA, Agustín. Caminos peregrinos de Aragón. Zaragoza : Institución “Fernando el Católico”, 2016